Es curioso que en los últimos días, distintos columnistas de opinión se hayan ocupado de la incertidumbre como si fuese suficiente para interpretar la complicada situación en la que nos encontramos los venezolanos. Unos consideran la incertidumbre desde la perspectiva psicológica, como un fenómeno inherente a toda persona, de carácter puntual o crónico, diferenciación necesaria para saber cuán lejos llega el impacto emocional que provoca también diversas patologías. Natural o artificialmente inducida, la incertidumbre ha sido muy estudiada por las disciplinas científicas que se ocupan de la mente, y es considerada como una compañera inevitable de la vida. Otros columnistas, en cambio, la consideran un problema político superior a la zozobra que, además, debe ser denunciada como el primer paso para derrotarla. Por cierto, haciendo un símil, el cardenal protagonista de una película que ha batido récord de taquilla, como “Cónclave” (dirigida por Edward Berger), al iniciarse con una misa la jornada para elegir al Papa, hizo una homilía reflexionando sobre la fe y la falta de certeza, o quizá realizó una especie de teología de la incertidumbre.
Nada más oportuno, pues el asunto puede ayudarnos a interpretar el conocidísimo y lamentable caso de las deportaciones de venezolanos de los Estados Unidos a El Salvador o a Guantánamo, donde presuntamente hay connacionales inocentes. La desesperación y hasta la definitiva desesperanza afectan a los venezolanos que fueron a buscar libertad y oportunidades de trabajo en Estados Unidos. Los Estatus de Permanencia Temporal, conocidos como TPS, legalmente otorgados por el Estado, no constituyen garantía alguna para permanecer en ese país del norte que tanto les costó llegar a los inmigrantes, en general,, con todos los riesgos y peligros del mundo que supuso el recorrido.
Ocurre también dentro de Venezuela, por supuesto, más grave todavía. Pero encontrándonos, ya sea, en el país, los Estados Unidos o El Salvador, no basta como respuesta política afirmar que estamos bajo una situación de incertidumbre porque ella es natural, lógica, inherente a la condición humana y, por consiguiente, es materia prima de la política; otra cosa es el estado de zozobra.
Allá y aquí, el venezolano siente la incertidumbre porque no tiene suficiente conocimiento o claridad de la realidad que vive, bien sea por el mal manejo de la información o la desinformación que se lleva a nivel político para poder tener el control por la vía emocional o por la vía de la fuerza y el temor, pero la zozobra deriva del miedo y la angustia frente a lo peligroso y lo desconocido (por su naturaleza); la incertidumbre no necesariamente implica sufrimiento, como ocurre con la zozobra (por su intensidad); y la incertidumbre surge de las ambigüedades o vacilaciones de una situación, mientras que la zozobra provoca una terrible angustia (por su causa).
Para la política, la incertidumbre es algo absolutamente normal, susceptible de ofrecer diversos escenarios y alternativas, proseguir o corregir una determinada táctica o estrategia, mientras que la zozobra apunta a una falta de esos escenarios, alternativas, tácticas y estrategias. El estado de zozobra es lo que sienten los paisanos en todo el mundo, siendo de una extrema gravedad en el gran país del norte, sin que conozcan un solo dirigente político que los orienten por allá y del que solamente supieron de su existencia cuando un par de ellos se movió para acompañar y retratarse con Edmundo González: o a los que trataron o pudieron acompañarlo a la Casa Blanca para cumplir con la presunta invitación que le hicieran al inaugurarse la segunda administración del presidente Trump.
Ahora bien, ¿cuál es el mejor camino? Ignorarla, suponiendo que sus actuaciones tienen como marco un mundo cierto, o ser pasivo ante el temor que inspiran los posibles efectos nocivos de una mala actuación tomada en un ambiente de gran incertidumbre, que lleva al venezolano a tomar las decisiones políticas fuera de una dimensión ética que reclama y debiera tomar un serio debate público y una reflexión conjunta de todos los sectores que realmente queremos un cambio en el país. Esta pregunta nos lleva a mirar nuestra realidad desde un punto de vista más personal, aunque muy político. Nuestra realidad depende de decisiones que los ciudadanos no toman, puesto que no tienen acceso a esa posibilidad. La incertidumbre de no tener para comer mañana es una realidad paralizante. ¿Es esta parálisis ciudadana algo que la oposición y el gobierno deben resolver en conjunto?.
IG,X: @freddyamarcano